En Capital la tierra es muy rica”. Dice Judith. Acaba de bombardear un baldío en Once. No con explosivos, ni granadas, las bombas son de tierra, arcilla y de semillas y se arrojan sobre tierras abandonadas o en desuso para convertirlas en mini huertas urbanas. Desde hace más de un año, Judith Villamayor, de profesión artista, coordina “Articultores”, un colectivo voluntarioso que ataca pequeños, medianos y hasta grandes canteros de la Ciudad con semillas que, luego de un tiempo y la colaboración generosa de vecinos voluntarios, se convierten en zapallos, porotos, acelgas, zapallitos o quínoas.La idea es simple: armar pequeñas huertas en plena Ciudad. El resultado ya se puede ver, tocar y comer. En la esquina de Tacuarí y Venezuela, por ejemplo, un baldío que estuvo casi olvidado hoy regala zapallos y quínoas. Y en Cochabamba 350 ya se ven verduras de hoja, como espinacas, lechugas y acelgas, además de porotos. “Armamos las bombas con semillas de temporada, pero hay algunas que funcionan todo el año, como porotos o maíz, tratamos que esas nunca falten”, dice Judith. Y agrega: “Siempre se trata de enriquecer la tierra, aunque no todo lo que se siembra germina. Por eso proponemos huertas silvestres, nativas”. La idea es ir concientizando sobre el poder del ciudadano y el uso de los espacios que son públicos. Por suerte, la gente cuida lo sembrado”.Estos voluntarios de Articultores ya hicieron ataques de semillas en terrenos del Microcentro, Congreso, San Telmo y Barracas, y ahora están en Once.El proyecto empezó la primera semana de agosto de 2009. “Nos juntamos durante la semana a hacer las bombas de arcilla y semillas, de unas 40 variedades, y después salimos con las bicicletas y las mochilas a ‘disparar’ contra baldíos y lugares abandonados”, explican. “El objetivo es mixto: intervenir la ecología, sembrar para dar verde ante tanto gris cemento, dar alimento, de repente un baldío ofrece maíz o porotos e integrar a quienes más lo necesitan.
Fuente: Foto Clarín



