Las paredes del hospital tienen humedad, agujeros, caída de revoque, filtraciones, baños sin agua, caños de duchas agujereados son algunas de las deficiencias edilicias por las que está pasando el nosocomio.Existe filtración de líquidos cloacales en los sótanos y el estado de la cocina es desastroso, por lo que la comida es llevada desde el Moyano.El taller “Pan del Borda” un emprendimiento de cocina, tuvo que ser cerrado por estar el lugar donde se hacía, inundado Legisladores denuncian abandono de persona y un plan oficial para desmantelar el hospital. Señalan el interés inmobiliario que hay por los terrenos que ocupa, sumado a un plan para derivar pacientes a clínicas privadas, en las que la ciudad deberá abonar entre 8 y 12 mil pesos por cada uno.La diputada porteña María Elena Naddeo (Dialogo por Buenos Aires), miembro de la Comisión de Salud Mental de la Legislatura, señaló que la dificultad no sólo afecta a los pacientes sino también a quienes dependen del consultorio del Borda, del hospital de noche y del centro de trastornos de la alimentación. “Es una violación a los derechos personalísimos de la persona, por ejemplo, que tengan que ver limitada su higiene. Por esto es inaceptable”.Naddeo, quien ya elevó al Parlamento porteño un” programa de externación asistida para que el paciente psiquiátrico no sea condenado a la marginación hasta que acabe su vida”, aclara que “desmanicomializar no es sacar a los internos a cualquier costo”. “Al Borda hay que reconvertirlo, volverlo un lugar polivalente, de recuperación; actualmente el 20 por ciento de los pacientes está en condiciones de externarse, pero el sistema de medio camino funciona con muchas deficiencias y así no se puede superar el esquema manicomial”, manifiesta la legisladora.La pregunta que cabe hacer es cómo con un presupuesto de 124 millones de pesos, el hospital se deteriora día a día sin que las autoridades de salud de la ciudad no resuelvan el problema.
El Borda, sin gas y ahora sin agua
Hace 26 días que el Borda no tiene gas, y ahora también falta el agua que se corta cuatro veces al día. Son los propios empleados quienes aportan dinero para comprar bidones de agua para los dispensers, único modo de que los internos puedan tomar algo caliente.


