La sociedad anónima propietaria del local es representada por el abogado Carlos Wiater. Este adelantó que el comercio vendía pilas y relojes y que el mismo día del derrumbe había recibido tres contenedores repletos de mercadería que había guardado en el depósito y que ahora no podrá recuperar.
Por otra parte, el abogado explicó que el encargado del negocio detectó a las 16.30 del día del derrumbe «rajaduras en las paredes del local e incluso que las vibraciones de la excavación lindera habían sacado de su lugar el inodoro».
«Cuando mi cliente fue a pedir explicaciones a la obra, vio que había un túnel por debajo del edificio que después se derrumbó y un arquitecto se presentó para decirle que se quedara tranquilo y que le iban a arreglar las rajaduras», señaló Wiater.


