Subejecución de las partidas presupuestarias, mayor endeudamiento y a tasas superiores a la de otros distritos, aumento de los impuestos altamente superiores a los de la inflación, caída de los presupuestos de vivienda, salud y educación, aumento exponencial de la planta de empleados, políticas diferenciadas a favor del norte rico y en contra del sur pobre, incumplimiento en cuanto a la cantidad de edificación de escuelas, hospitales y de kilómetros de subte construidos.
Por la avenida Córdoba circulan unos pocos colectivos, taxis y algún auto particular. Es de noche. La ciudad duerme. El frío es mucho. Ya hay gente esperando en la puerta del Centro de Salud Mental Arturo Ameghino, en el barrio de Balvanera.
A las seis de la mañana la cola ya empieza a hacerse más nutrida. Buscan uno de los 14 turnos que se entregarán ese día. El Ameghino tuvo su pico de celebridad durante la crisis de 2001, cuando la feroz debacle económica disparó hasta las nubes la demanda de atención psicológica y las clases medias ya no podían costearse un tratamiento privado.
Muchos luego de la larga espera no alcanzan a obtener un número para su atención y deben volver al día siguiente para ver si tienen suerte.
Los ciudadanos que no cuentan con coberturas de obras sociales ni prepagas están condenados a demoras muchas veces inhumanas.
No es algo nuevo, no es algo que sorprenda. La administración del jefe de Gobierno Mauricio Macri y su ministro de Salud, Jorge Lemus, no deja espacios para dobles lecturas.
La subejecución de partidas para el sector, la centralización en la compra de insumos que ocasiona la falta de suministros en muchos hospitales, los conflictos con los trabajadores, el veto a la creación de un laboratorio estatal, el abandono de la atención de los porteños que viven en las villas y las reiteradas quejas de Macri contra los bonaerenses que se atienden en la Ciudad, algo que siempre hicieron, y sus dichos en contra de la inmigración, para él ,descontrolada, cosa inexacta y peligrosa, conforman un una situación complicada.
Guillermo Muñiz, médico psiquiatra del Hospital Teodoro Álvarez y miembro del comité ejecutivo de la Asociación de Médicos Municipales, asegura que la gestión de Macri es la peor desde la vuelta de la democracia.
“Cuando asumió, el Gobierno porteño reconoció que había un déficit de 6.000 puestos de trabajo para los 33 hospitales porteños. En ese grupo se incluían enfermeros, médicos y trabajadores de la salud en general. Pero no hizo nada para modificar esta situación. Incluso, por renuncias, jubilaciones y la mayor demanda, hoy la situación es mucho peor. Los hospitales porteños en su gran mayoría también tienen problemas edilicios muy serios y una vejez u obsolescencia de 20 a 30 años en todo lo que es aparatología”.
“Tampoco olvidemos que esta gestión intentó cerrar los hospitales Udaondo y el Lagleyze, y sólo lo impidió la lucha de los trabajadores. Buenos Aires es una ciudad rica en cuanto a recaudación, pero el servicio de salud pública es cada vez más pobre”concluye.
La administración de Mauricio Macri resultó repetidamente cuestionada por la pobre ejecución de partidas presupuestarias. Algunos creen que es por falta de eficiencia; otros, una estrategia para reasignar recursos según intereses discrecionales.
Lo cierto es que dos de los ámbitos más perjudicados por estas maniobras son la salud y la educación. Ni siquiera un año electoral parece cambiar la tendencia.
Según El Frente de Recuperación Gremial de la Asociación de Médicos Municipales, durante el primer trimestre de 2011 en recursos físicos se ejecutó sólo el 1,96 por ciento de lo presupuestado y en aparatología apenas el 0,58. Sobre un presupuesto total de Salud de 251 millones de pesos, se aplicaron solo 14 millones.
Por estas condiciones de pauperización trabajadores de la salud reclaman cambios urgentes en la política del área.
Si del el Hospital General de Agudos Santojanni se trata, “No hay turnos para pediatría. Ni para el turno mañana ni para el turno tarde”, es que pasadas las ocho de la mañana, los 24 turnos diarios para pediatría que ofrece ya fueron otorgados.
De esta forma padres y niños se retiran sin ser atendidos para volver al otro día. Algunos insisten y van a la guardia, donde se agolpan más de cien personas, Unos treinta y pico de chicos –en su mayoría bebés– esperan que los atiendan.
Según el sanitarista Edgardo Trivisonno, subsecretario de Salud cuando Enrique Olivera estuvo al frente del Ejecutivo porteño, advierte que durante esa gestión la Salud contaba con el 30 por ciento del presupuesto total y ahora sólo llega al 22 por ciento.
“Es una caída muy grande que parece acentuarse año a año. Tampoco se trabajó sobre la desigualdad entre norte y sur, que tienen servicios muy pero muy distintos”, puntualiza. El ex funcionario indica que la gestión actual sólo hizo un buen trabajo contra las epidemias de dengue y Gripe A.
Para el sociólogo José Carlos Escudero no cree que se trate de un problema de falta de recursos ni de eficiencia. “La Ciudad de Buenos Aires es el espacio más neoliberal de la Argentina. Bajo esa mirada, la salud debe ser librada al imperio del mercado. Por eso hoy se desprecia lo público. Vayamos a un ejemplo bien concreto: Macri vetó la ley para que el Estado elabore medicamentos. Si el Estado porteño fabricara medicamentos serían mucho más baratos porque no persiguen un afán de lucro y llegarían a más gente. Cuenta con recursos de capacidad técnica y experiencia. Pero Macri lo rechazó porque prioriza no afectar el negocio de unos pocos. Por eso no sorprende que la demanda de salud crezca, pero la oferta se achique.”Desde el gobierno de la ciudad dicen que los turnos se dan llamando al 147, pero los que lo hacen, no siempre consiguen comunicarse y de hacerlo los turnos se dan a largo plazo.
De todas maneras quedan sin resolver los temas que se viene señalando por falta de presupuesto. Y que afectan al sistema de salud porteño.
Fuente: Miradas al Sur



