Decenas de familias que fueron evacuadas ante la inminencia del derrumbe esperan desde ayer a la noche que los dejen entrar a sus domicilios a buscar documentos, pasaportes o plata. La angustia de los damnificados por el derrumbe es grande.
Es el caso de Roberto, propietario de un departamento en Rivadavia 1239, que asegura que nadie le dice qué hacer, y recién ayer a las 17 horas le permitieron ir a su casa a buscar plata para darle de comer a su familia. “Nos desalojaron a la noche y recién a las tres de la mañana nos dijeron si queríamos ir a un refugio en la Boca.”
Roberto está sentado en el cordón de la calle Salta, vive con su familia de cuatro personas adultas y un niño, que fue ubicado en la casa de un familiar.
En un momento de la tarde de ayer se empezó a dejar pasar para que busquen pertenencias de primer orden. Pero a las 18 hubo un nuevo temblor y la alarma obligó a cancelar los turnos establecidos para entrar a los hogares.
En un radio de aproximadamente dos cuadras alrededor del edifico caído, el acceso está bloqueado por personal policial y de Defensa Civil.
Son aproximadamente dieciséis manzanas en una zona en la que, si bien hay muchos edificios de oficinas, viven varios cientos de personas. La enorme mayoría se ubicó como pudo en la casa de familiares o amigos. Pero hay algunos, como el caso de la española Ana o el mexicano Miguel, que están estudiando en la UBA y viven en el hostel ubicado en Libertad 218.
Ninguno de los dos tiene a quién recurrir y las frazadas llegaron demasiado tarde para cubrir un frío que empezó para ellos con la orden de desalojo por peligro de derrumbe.
La titular de Atención Inmediata de Desarrollo Social porteño, Guadalupe Tagliaferri, aseguró que pasado el mediodía se “está brindando agua y algo para comer” a las “50 personas” de las 200 afectadas “que no tenían dónde ubicarse”.
Sin embargo Roberto no opina igual: “Si no íbamos a putear, no nos daban ni agua”, dice, mientras se vuelve a sentar sobre unos cartones con los que improvisó un refugio callejero. “Vemos pasar gente que ni siquiera nos mira”, concluye.
De todas maneras, una vez demolido el edificio en cuestión se supone que cada uno podrá retornar a su hogar, menos los habitantes del edificio derrumbado que hasta el momento quedaron en la calle y sin respuestas concretas de las autoridades de la ciudad.


