Llevaba casi dos meses de casado. Vivía a pocas cuadras de Pasteur al 600. Era una mañana casi perfecta. Como las mañanas de casi todos los recién casados. Estábamos sentados frente a frente a la mesa de la cocina. El termo medio lleno (o medio vacío) y el mate en mi poder. El diario recorría mis ojos. Era una mañana casi perfecta.
Por Dante López Foresi




