Como ya sabemos, ante semejante audacia, en las cocinas de la oligarquía hervía el caldo concentrado del odio por el gobierno y el desprecio por las clases populares. No podían entender que alguien que había logrado el poder como Perón, le entregara a las masas ignorantes semejante herramienta para entorpecer el desenvolvimiento de la economía nacional tal como ellos, los dueños durante más de un siglo del país, lo entendían.
“¿Hasta dónde piensa llegar en esto de otorgarles tantas libertades para enfrentar a los propietarios de las empresas y desafiar así al orden normal de la economía? Ahora cualquier negro ignorante puede exigir menos horas de trabajo y encima aumentos de salario, y además francos y vacaciones y quién sabe qué locuras más van a exigir…” Ese era el discurso que solía escucharse por aquellos años no sólo de los empresarios sino también de muchos comerciantes acostumbrados a explotar a sus pocos empleados con bajos salarios, muchas horas de trabajo y nada de francos por enfermedad. El despido arbitrario siempre lo tenían a mano.
Aún hoy esos mismos sectores, ahora con ropaje neoliberal, siguen sin comprender que esos derechos nunca fueron una graciosa concesión ni privilegios otorgados por un gobierno “populista” o demagógico. Son nada más ni nada menos que el justo reconocimiento de un gobierno popular a la enorme mayoría del pueblo que a través del trabajo hace posible la construcción de una patria justa libre y soberana.
Los años que van desde 1947 hasta el 2003, la lucha de los trabajadores por recuperar la dignidad escamoteada por las dictaduras militares y por gobiernos democráticos neoliberales, fueron de grandes altibajos; de avances y retrocesos, pero los niveles de conciencia siempre han ido en aumento. Hoy sabemos muy bien que los Derechos del Trabajador son el producto de esa lucha constante, muchas veces sangrienta. Que por ella han caído muchos compañeros a los que hoy honramos.
Pero ahora, desde el año 2003 hemos empezado a recoger los frutos de tantos esfuerzos y sacrificios; con dificultades y desencuentros, con intereses que a veces parecen encontrados y con un panorama externo al que hay que prestarle mucha atención pues sabemos que de alguna manera puede frenar nuestro desarrollo.
Por eso hoy, los trabajadores estamos recordando no una Ley o un Decreto que nos beneficia, estamos conmemorando que ya nadie, ni los sectores poderosos de las corporaciones ni los poseedores de la tierra, ni los más retrógrados representantes de la deshilachada oligarquía puedan poner en duda que los trabajadores tenemos derechos y que éstos fueron conseguidos a fuerza de coherencia y de lucha.
Que les guste o no, hay conquistas que son irreversibles. Que ni el FMI, ni el Banco Mundial ni el Club de París podrán volver a revertirlas. Siempre serán un patrimonio que habremos de defender a como dé lugar.
Entonces, este jueves 23 de febrero, los trabajadores de todo el país recordamos ese día porque el Movimiento Obrero Organizado tiene muy en claro que es parte indisoluble del Proyecto Nacional y Popular que encarna nuestra Presidenta Cristina Fernández de Kirchner y que, más allá de las disidencias coyunturales que puedan aparecer, en su conjunto los trabajadores defendemos este modelo contra cualquier ataque que intente ponerlo en riesgo.

