Mi grupo, el Movimiento Juvenil 6 de Abril, reunió más de 2 millones de firmas de las personas que buscaban retirarle la confianza a Morsi y llamar a elecciones presidenciales anticipadas.
También participé en las protestas del régimen del 30 de junio y en la mayoría de las actividades de la nueva ola revolucionaria. ¿Y por qué no? Morsi y su gobierno no estaban servicio al pueblo. Les dimos nuestra confianza y apoyo, y todo lo que recibimos a cambio fue un golpe de Estado en contra de los objetivos de la revolución y una reproducción de la política de Hosni Mubarak.
Mientras estaban en el poder, Morsi y la Hermandad Musulmana tuvieron innumerables errores que enfurecieron a la gente y la alentaron a trabajar para su destitución. Por esa razón, es difícil simpatizar con ellos ahora, sobre todo porque han instigado a la violencia y exhibido constante obstinación. Incluso hoy en día, a medida que buscamos soluciones moderadas y compromiso con la Hermandad, no encontramos ninguna predisposición de su parte para admitir errores o negociar soluciones moderadas. Siguen estipulando que Morsi debe ser reinstalado como presidente antes de las negociaciones puedan tener lugar, a pesar de que pocos fuera de la Hermandad aceptarían esta condición bajo cualquier circunstancia.
Hay, sin embargo, motivos de grave preocupación en las acciones de los militares egipcios. Nuestro apoyo a la hoja de ruta de transición a las nuevas elecciones se basaba en la promesa de los militares de que no interferirían en la vida política de Egipto. El creciente papel del ejército en el proceso político que estamos presenciando, sin embargo, es desconcertante.
La escalada de la odiosa retórica en los medios de comunicación contra la Hermandad Musulmana y los liberales también me preocupa mucho. La retórica que fomenta el exterminio de toda una facción política o pide el encarcelamiento de sus miembros, independientemente de sus puntos de vista, es totalmente inaceptable. Nos negamos a tratar a los miembros del régimen de Mubarak esta manera después de que fueron expulsados del poder. ¿Cómo podemos ahora apoyar ese tratamiento hacia la Hermandad?
Por otra parte, no puedo aceptar que, una vez más, el gobierno esté ejerciendo control sobre los medios de comunicación con el pretexto de la guerra contra el terror. Basado en mis experiencias anteriores con los militares – fui detenido y golpeado por mi activismo en 2008 – no puedo dejar de temer que se me pueda acusar de terrorismo si critico al nuevo régimen.
Nadie puede defender los errores cometidos por Morsi o la Hermandad. ¿Pero no es mi derecho cuestionar, con gran preocupación, la muerte de más de 100 partidarios de Morsi, muchos de ellos de balazos en la cabeza y en el pecho?
A pesar de mi apoyo a la ola revolucionaria 30 de junio y pese a que se trataba de un movimiento popular antes de que fuera una intervención militar, ahora veo mucho que temer. Temo la insurrección contra los principios de la revolución del 25 de enero, el pisoteo constante de los derechos humanos y la ampliación de las medidas restrictivas en el nombre de la guerra contra el terrorismo; no sea cosa que cualquier oponente de las autoridades sea tildado de terrorista.
*Ahmed Maher es uno de los fundadores del Movimiento Juvenil 6 de Abril, un grupo activista egipcio.
Fuente: The Washington Post, EE.UU.
