Ciudad

Un fallo judicial pone límites al Plan Sapito

El Plan del actual gobierno porteño, pretende “buscar soluciones a la interfase tránsito-ferrocarriles”, un disloque producido por décadas sin inversiones. El parque automotor fue creciendo y por ende las barreras no alcanzan porque además la frecuencia de los trenos es mayor.

Y si bien es cierto que hay que  hacer algo al respecto, porque cada barrera ferroviaria es hoy un tapón que genera embotellamientos, la propuesta del Ejecutivo porteños trajo descontento entre los vecinos de los barrios cercanos a las vías.

Para evitar esto, las líneas ferroviarias, hacen correr menos trenes, con lo que el problema  se agudiza también para los pasajeros de este medio de transporte. No se puede aumentar la frecuencia de servicios para no entorpecer el tránsito, con lo que hacen falta más colectivos y más autos para moverse. 

Pero el macrismo con el ministro de Desarrollo Urbano, Daniel Chaín, preparó un plan convenientemente rápido, se diría electoral, para que Mauricio Macri pudiera cortar cintas de  “túneles de bajo gálibo”, dicho en buen romance, de poca curvatura, un tecnicismo para lo que en el barrio llaman sapitos,  en lugar de túneles, soterramientos de vías y otras complejidades.

En realidad son  tunelitos que permiten el paso de autos y nada más, de tan bajos que son, pero se hacen rápido. 

Cuando se conoció el “Plan Sapitos” y se publicó el mapa, los vecinos se alzaron en armas. Chaín debería saber que con 17 años de vida autónoma, los porteños se acostumbraron a considerar este tipo de cosas como política, con lo que ya no quedan vecinos desprevenidos. 

Los sapitos son desviadores de tránsito que no solucionan el problema de base, apenas llenan de autos apurados calles tranquilas que nunca sufrieron este tipo de impactos. Por ejemplo, los proverbiales embotellamientos en la Avenida San Martín se podrían solucionar con una obra importante, un túnel de verdad. 

Poner sapitos en las laterales sólo permitirá que los coches –ni camiones, ni camionetas, ni colectivos, ni fletes siquiera– transiten, lo que seguirá  provocando embotellamiento y también ruido en las tranquilas hasta ahora, calles laterales.

Pese a los reclamos, Chaín no escucha. Los vecinos hicieron llover amparos contra las obras. La mayoría, una docena, fueron a los juzgados a cargo de Liberatori y Cataldo, que les hicieron lugar. 

Pero hubo uno, el sapito dela calle Deheza, que terminó en el juzgado de Zuleta, que no le hizo lugar. Fue entonces que desde el Ejecutivo porteño, se pidió que se unificaran todas las causas en el juzgado de Zuleta. La lógica era que si el juez había rechazado uno, rechazaría los demás.

Frente a esto, tanto Liberatori como  Cataldo se negaron esgrimiendo  fuertes razones. 

Si bien,  cuando se ve un panorama de causas relacionadas, se puede pedir la unificación, que recae en el juzgado que tenga más.  En este caso, los jueces, estimaron que las causas se debían unificar en alguna de sus sedes y no en la de Zuleta, que tenía apenas una. 

La Procuración porteña apeló a la Cámara que, curiosamente, le dio la razón y así fue como  todos los amparos pasaron al juez Zuleta.

Sin embargo, este  favor de la Cámara al gobierno porteño no sirvió de mucho. Evidentemente, nadie había leído los fundamentos con que el juez Zuleta rechazó el amparo por el sapito de la calle Deheza. 

El juez la rechazó por la debilidad de sus argumentos, que sólo citaban los ruidos molestos y el potencial daño a los vecinos en las inmediaciones de los futuros tunelitos. 

Pero los otros amparos tenían ideas mucho más contundentes, provistas por la Defensoría del Pueblo porteño. En las resoluciones firmadas por Alicia Pierini y llevadas adelante por su adjunto Gerardo Gómez Coronado, la Defensoría señalaba que se violaba expresamente la Ley 2930 –el Plan Urbano Ambiental, y la sección 6 del Código de Planeamiento. 

Fundamentos que tomó el magistrado Zuleta para  hacer lugar a los amparos vecinales.

Evidentemente, si  en la Procuración se hubieran molestado en leer el fallo por Deheza y hubieran pensado un poco en decisiones anteriores de este juez, no hubieran generado este enredo  judicial con la Cámara para llegar a este pobre resultado. 

El juez Zuleta atendió el amparo por el Quartier San Telmo y convocó a una audiencia con vecinos demandantes, funcionarios, la empresa y la Defensoría, donde dijo que el edificio le parecía un bodrio, que si él fuera vecino estaría furioso, pero que no encontraba base legal para frenarlo. 

En consecuencia, ahora Chaín tiene un problema que resolver. Como los sapitos no solucionan el problema de fondo, el ministro tendrá que presentar un cronograma prometiendo eliminar las barreras existentes, o tendrá que transformar sus sapitos rápidos en túneles de verdad, donde puedan pasar medios de tranportes grandes, 

Si bien es un amparo, de naturaleza provisoria, el fallo de Zuleta es de enorme importancia porque le pone límites a la costumbre del gobierno porteño de hacer lo que quiere por razones de “oportunidad, mérito y conveniencia”. 

Un triunfo  para los vecinos y para la Defensoría del Pueblo de Buenos Aires y un sapo para las autoridades porteñas.