Ciudad

Al rescate de los cines de barrio

De las 300 salas de cine, quedan apenas unas 50. Distintas organizaciones vecinales buscan convertirlas en espacios culturales.

Durante décadas no sólo pasaban  películas, también se presentaban artistas desde Gardel hasta Pappo. Hoy ya fueron demolidas  140 y sólo quedan unas 50, repartidas en el microcentro, en shoppings o transformadas en multisalas. En los últimos años, los vecinos de algunos barrios porteños iniciaron la lucha para recuperar sus salas, abandonadas desde hace años. Otras zonas no tuvieron la misma “suerte” y esos templos cinematográficos devinieron en iglesias evangélicas, playas de estacionamiento o supermercados.Con el apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), los barrios de Caballito, Devoto, General Mitre, Vélez Sarsfield y Lugano volvieron a ser de película por unas horas. Cientos de vecinos se juntaron frente a cinco cines, cerrados desde hace años, acompañados por legisladores y personalidades de la cultura. En Villa Devoto brotó la lucha por el Cine Aconcagua, La Paternal por  el Taricco, Caballito y el Arteplex, recientemente cerrado, Villa Lugano y El Progreso; y Floresta y su Gran Rivadavia, íconos y referentes de las identidades barriales que pretenden recuperar a través de proyectos de expropiación o puesta en valor, aunque hasta el momento no han encontrado respuestas del gobierno de la Ciudad.En sus propuestas, los representantes vecinales remarcan que no apuntan a una idea nostalgiosa del pasado, sino a otorgarle dinamismo cultural a zonas que hoy están estancadas, a través de espacios multiculturales donde coexistan salas de exhibición con otros espacios destinados a talleres artísticos para la población de la zona.Cerca de las 21, comenzó la jornada simultánea en los cinco cines, con la proyección de distintas películas elegidas por los propios actores comprometidos. “Nosotros seleccionamos Un Cuento Chino porque parte de la película, como la escena de la ferretería, se filmó en el barrio”, comenta José Luis Alesina, nieto del fundador del ex cine Aconcagua. Ayer arrancaron la actividad con una radio abierta, donde surgieron historias de cada vecino, que llegó en su silla para instalarse debajo de la marquesina, sobre la vereda. Luego proyectaron dos documentales de la lucha por la recuperación del lugar, que supo ser el faro cultural para los barrios de Pueyrredón y Devoto. Tenía capacidad para 1200 personas, que llenaban la sala hasta tres veces por día, sin nada que envidiarle a las de calle Lavalle. Luego de vaivenes cerró en 1996, medio siglo después de su creación, y fue alquilado a la iglesia Universal hasta fines de 2009. En febrero de 2010, jóvenes y jubilados crearon un grupo en Facebook para recuperarlo, cansados del “abandono”. Para recuperarlo llegaron a recolectar más de 10 mil firmas.Una lucha similar entablan los vecinos del cine-teatro Taricco, construido en La Paternal en la década del ’20 con capacidad para mil espectadores. A pesar que habían tocado artistas como Piazzolla y Gardel, debió cerrar en los ’60 y tras ser supermercado terminó los ’90 en un total abandono. En 2004 fue declarado sitio de Interés Cultural, y al año siguiente fue aprobada su expropiación, pero como el Ejecutivo no la llevó a cabo, en tres años caducó.En El Gran Rivadavia, ubicado en la Avenida Rivadavia 8636, la lucha también pasa por el reconocimiento del gobierno de la Ciudad.  “El ministro Lombardi nos confirmó que no lo van a comprar. Nunca nos van a dar bolilla”, sostiene Gabriel de Bella, de Salvar a Floresta. El cine abrió con 2000 personas el 12 de mayo de 1949. A mediados de los ’80, con la llegada del video, el nivel de espectadores decayó: “La estocada final fue con los ‘multipantalla’ y el cambio de hábito de encuentros en el shopping, donde el cine era un uso complementario. Sin ayuda, se fueron fundiendo y cerrando”, cuenta De Bella. El cierre fue en 2004, por una denuncia de ruidos molestos. En las audiencias, la dueña, Edith Suñé, les recriminó a los vecinos: “Los que me obligaron a cerrar, hoy me piden que lo abra.”Las movidas se aceleraron en  2009, cuando apareció un cartel de venta sobre la marquesina. Hasta el momento lograron que el Gran Rivadavia fue declarado de interés por el INCAA. Ayer la propuesta era una varieté en vivo, videos para mostrar al “primer cantor que estuvo en el Gran Rivadavia”, el 25 de agosto de 1949: Alberto Castillo. Le seguía un video de Luis Alberto Spinetta, cuando en 1999 tocó con su banda de entonces Los Socios del Desierto. Entre proyecciones, los vecinos se incentivaban para no bajar los brazos y emprender con más fuerzas la lucha para conseguir el cine del barrio en 2012. “Estamos lejos, pero cada vez más cerca”, concluyó De Bella. “Había salas que eran obra de arte, como el Luxor o el cine Los Ángeles. La costumbre de la ciudad era ir al café, el tango y el cine”, recuerda la arquitecta Patricia Méndez, autora junto a Marta García Falcó del libro Cines de Buenos Aires. Y afirmó: “Lo que habría que intentar, y gestionar, es que dentro de lo que fueron las salas de cine, hoy desocupadas, se hagan núcleos culturales que abastezcan al barrio las carencias que hoy tienen. Hay que detectar necesidades culturales barriales, que no necesariamente sean salas de cines, y ofrecer también otros servicios culturales: charlas, conferencia, exposiciones. Son necesarios.”En un documento firmado en conjunto, los representantes vecinales de todos los barrios sostienen que “las políticas neoliberales que hundieron a nuestro país son la causa principal del cierre de estas salas, que fueron perdiendo lugar frente a la aparición de las salas de capitales multinacionales y monopólicos con nuevas tecnologías manejadas en función del mercado, la lógica del negocio y del consumo, favoreciendo los intereses de las grandes empresas en detrimento del bienestar de nuestra comunidad. Muchas de estas políticas siguen vigentes dentro del proyecto político del actual gobierno de la Ciudad que siguen negando el acceso y la posibilidad de un desarrollo pleno de todas las expresiones artísticas.” Y agregan que “los espacios culturales barriales son una posibilidad de promoción de las diversas expresiones artísticas. Promover los espacios multiculturales es para nosotros fundamental para preservar la identidad, tradición e historia local, pero también para contribuir a su actualización y desarrollo colectivo, con una oferta de exhibición, producción y apropiación democrática y equitativa.”