Las manifestaciones, de rechazo a la realización de la Copa Confederaciones y el Mundial de 2014 de fútbol, al aumento de las tarifas de transporte público y a la represión policial ocurrida en protestas anteriores, comenzaron en forma pacífica, pero se radicalizaron violentamente en las cuatro principales ciudades del país: Río de Janeiro, San Pablo, Belo Horizonte y Brasilia.








